Me persigue un Aleman

¡Me persigue un Alemán!
Confrontando a la enfermedad de Alzheimer


En más de una ocasión le he escuchado decir a más de uno de mis pacientes esta frase (“Me persigue un alemán) cuando se olvidan de alguna palabra, algún hecho reciente o simplemente cualquier recuerdo. Mucha gente toma a esta expresión como chiste, broma o simplemente como un comentario muy superficial sin tomar en cuenta de que se trata de una de las enfermedades más terribles y devastadoras que le ha tocado vivir al ser humano, sobretodo en nuestros tiempos, que no solo le produce grandes problemas al enfermo que la padece sino también a sus seres queridos que lo rodean. Debido al aumento de la esperanza de vida en el mundo, cada día hay más ancianos por lo tanto existen más y más casos de ésta terrible enfermedad. Veamos la historia de Roberto Roberto era un abogado exitoso de 85 años, profesor universitario de gran trayectoria, gran lector de manera que era una persona muy culta e informada, aficionado a la historia y a la antropología, que era su pasión y entretenimiento, y que a pesar de no ser su profesión dominaba el tema como un experto en la materia. A los 65 años comenzó a presentar los primeros olvidos, se olvidaba generalmente de hechos recientes, como fechas, citas y a veces no le salían algunas palabras mientras conversaba o escribía. Debido a su gran cultura cuando no le salía una palabra usaba un sinónimo o una palabra relacionada y solucionaba momentáneamente su problema de memoria. Posteriormente el problema de la memoria se intensificó de manera que tanto su esposa como sus hijas notaron el problema. En una ocasión le reclamó a su hija mayor que porqué ya no lo llamaba ni lo visitaba, le dijo ya no lo quería y que lo tenía olvidado. El detalle fue que justo ese mismo día por la mañana su hija había estado con él desayunando en la casa. Comenzaron a preocuparse por el estado de su padre por lo que lo llevaron al médico. El médico luego de examinarlo y evaluarlo, le pidió una serie de análisis de laboratorio, una tomografía de cerebro, y lo derivó al psicólogo para que le haga una evaluación neuropsicológica que consiste en una serie de pruebas y test mentales para descartar problemas de la cognición (memoria, orientación, cálculo, juicio, razonamiento etc, que cuyo déficit nos lleva a la demencia), así como pruebas para descartar depresión o cualquier otro problema psicológico. El informe arrojó que Roberto presentaba un cuadro de demencia tipo Alzheimer en su fase inicial, su médico le recomendó a su esposa que Roberto inicie un tratamiento para esta enfermedad, que consiste básicamente en terapias cognitivas para estimular a sus neuronas y la conexión que existe entre éstas, le explicó así mismo que no existe un tratamiento farmacológico de eficacia comprobada pero que por lo menos al inicio de la enfermedad ayuda sobretodo en la memoria y en las actividades de la vida diaria. Con el tiempo, Roberto comenzó cada vez a ser más dependiente, ya no solo se olvidaba de las cosas recientes sino también de las antiguas, dejó de usar adecuadamente algunos instrumentos como el tenedor, la rasuradora, incluso había que ayudarlo a vestirse. Finalmente Roberto dejó de caminar, necesitaba ayuda para casi todas las cosas, incluso para alimentarlo, vestirlo, asearlo ya no reconocía ni siquiera a su esposa ni a sus hijas, usaba pañales, quedando confinado a su cama. Una enfermedad devastadora que te quita la personalidad La enfermedad de Alzheimer no solo afecta la salud física y mental de quien la padece sino que compromete su situación civil como ciudadano, va a impedir que el enfermo pueda firmar cheques, acudir al banco, hacer compras mayores, delegar herencias, transferencias etc. Va a llegar el momento en que los hijos u algún otro familiar van a solicitar que se le declare al enfermo interdicto para poder hacerse cargo de sus cuentas, su sueldo y cualquier trámite que el enfermo no pueda realizar. Esto se logra a través de una Decreto Judicial que lo emite el juez y se le declarara interdicto a la persona y otra persona, a quien se llama curador que generalmente es el conyugue o un hijo quien se va a encargar de los trámites y derechos del enfermo, pues éste ya no lo puede hacer solo. Esta enfermedad no tiene cura ni remedio por el momento.

Lamentablemente esta enfermedad no tiene cura, ni remedio que lo trate, o que por lo menos detenga su avance, es una enfermedad progresiva que va aumentando en intensidad y cada vez compromete la salud de la persona. Se ha investigado mucho, cada día se conoce más de esta enfermedad, pero aún no se logra dar con el tratamiento, incluso se estudian posibles vacunas. Los únicos fármacos reconocidos y autorizados no curan ni detienen la enfermedad solo ayudan en sus fases iniciales para mejorar los síntomas tanto de la memoria como las habilidades para realizar las actividades de la vida diaria. Solo Dar mucho amor a quien lo sufre Esta enfermedad además de ser devastadora para el enfermo lo es también para la familia pues, la familia sufre mucho al ver que día a día su ser querido se deteriora cada vez más, se hace más dependiente, débil y deja de ser él mismo etc. Es una enfermedad ingrata pues a pesar del amor y cariño que los familiares le brinden al paciente, éste no lo va a reconocer pues no se da cuenta y si se diera cuenta, lo va a olvidar inmediatamente.

A veces estresa y cansa a los familiares (Síndrome del cuidador) por eso se recomiendan estrategias para el apoyo y suporte familiar, que participen no solo un hijo o hija, sino que lo hagan todos, incluso nietos, nueras, yernos y sobrinos. Sólo nos queda darle amor a quien la padece pues esta persona cuando estuvo sano y fuerte nos dio amor, apoyo y comprensión cuando fuimos pequeños.

Hasta Pronto

Dr. Carlos Sandoval Cáceres
Médico Geriatra
pachogeriatra@yahoo.es

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